No preciso de ningún consuelo
Pues mis ojos despreciaron el llanto,
No requiero me den sosiego
Pues siempre viví en desencanto.
Por que reclamar compañía
E ignorar a la soledad, mi amiga,
No acepto esa fingida pena
Ni el remordimiento por mis heridas.
Es la lobreguez mi escondrijo
Mi soledad mi única compañera,
Los mementos malditos, mi abrigo
Y los sufrimientos mi perversa cabecera.
Cuando los sufrimientos amenacen con taladrar el alma, cuando Oizís vague por la habitación como si le fuera la vida en ello, cuando el desencanto se adueñe de las musas y parezca que la vida dimite, recuerda siempre esto:
ResponderEliminarhttp://www.youtube.com/watch?v=5kn7xrxqZZs&feature=related
De nada, maifren, de nada.
A veces la soledad anida en nosotros de una manera que la sentimos propia, y al final, hasta nos reconforta. Que curioso, verdad?.
ResponderEliminarBesos y susurros con dulzura
A veces se vuelven inmunes.
ResponderEliminarMil besos!
=) HUMO
Pues ala a sufrir se ha dicho.
ResponderEliminarNi besos ni abrazos ni electroschok para tu congelado corazón.