miércoles, 18 de enero de 2012

Maior sum quam qui mancipium sim corporis mei

Solo una castración en las avenidas que llevan al corazón puede frenar el andar del tiempo, tan solo torcer la razón en una noche árida, puede guiarte a hallar definitivamente el camino hacia el sosiego ansiado.

Creéis que hablo de muerte, mas cegar las palabras hasta el fin de los tiempos, es solo uno de los alivios que el alma usa para ultimar la tortura sempiterna de la vida;  por el contrario, hablo de aniquilar la fisiología de las emociones, de desconectar de raíz la maquinaria estúpida de los sentimientos… solo hablo de congelar la sangre y permitir que el palpitar del corazón solo acate objetivos nutricionales.

Hablo de permanecer impávido tras escuchar las falacias de la vida o mantener el ceño catatónico ante el cumulo de estímulos embriagantes que lanza día a día el averno disfrazado de existencia, de extender los brazos para tatuar mi cuerpo con laceraciones conseguidas durante el camino vivido y rememorar con dolor agridulce la maxima siniestra: "para vivir la vida necesitas tres partes de estupidez y una buena parte de locura".

Al final de los tiempos sabremos si el procedimiento utilizado, logró corromper las ganas de  mantener lo que nos fue dado sin siquiera haber pedido… la vida.

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