Miraba el cielo sediento de paz
Con sus ojos perdidos en la inmensidad de la nada,
Ved sus brazos retorcidos mostrando orgullosos
Los piquetes de la desesperanza…
Ciego de ira eyaculaba el blanquecino veneno en su sangre,
Intentando apagar en su mente
El destello de un sarcástico pasado.
Como ardía en su garganta el grito de auxilio
Que emanaba de sus cruentas ansias
Y en las paredes ennegrecidas por el humo
Que brotaba de tantos sueños calcinados,
Dibujaba con sangre los sueños rotos
Que a ratos contaminaban su remanso.
Vendía su vida al demonio de los dedos de aguja
Llenaba las heridas con semen ardiente
De jeringas excitadas,
Feliz se dejaba caer en la orgia asquerosa
De polvos, hierbas, licor y llanto…
Destronando en cada calada
El dolor, la soledad y el vivir despacio
En un mundo saturado de espanto.
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